Frederick Wiseman
High School. EEUU. 1968
Numeritos que se hacen con el movimiento en retroceso de las olas después que han llegado a la orilla
Enhorabuena a los 4.054.521 griegos llamados a votar hoy que no lo han
hecho. Son los ganadores del referéndum. Son en casi medio millón más
numerosos que los que han dicho que "no" al paquete de medidas de
austeridad y que sí a los politicuchos de sus gobernantes, para que
sigan negociando con los politicuchos de la Troika y acaben llegando a
un acuerdo entre politicuchos que terminará afectando directamente a sus
vidas y sobre el que seguro que no les consultarán. En efecto,
habrá que decir que Grecia sigue siendo la cuna de la democracia. En
primer lugar, porque democracia no es que te pregunten una vez de ciento
en viento qué es lo te parece cierta cuestión política y luego delegar
en unos señores para que decidan sobre todas las demás; democracia es
tomar las riendas de tu vida y asumir a diario tu responsabilidad como
sujeto político, y por tanto no haber ido a votar en un referéndum
esporádico es un gesto de infinita mayor responsabilidad política y de
sensibilidad democrática que haber ido a votar sí o no. Y en segundo
lugar, también habrá que decir que Grecia sigue siendo la cuna de la
democracia porque en ese territorio siguen viviendo más de trescientos
mil "metecos" (extranjeros con permiso de residencia) y se calcula que
casi un millón de esclavos (extranjeros sin papeles, 132.524 de los
cuales fueron deportados solo en el año 2010 por la autoridades
griegas), a los que no se les permite votar aunque quieran y de los que
nadie, ni de izquierdas ni de derechas, se acuerda, exactamente igual
que en la antigua polis ateniense. Así que, aunque solo sea por
solidaridad con los metecos y los esclavos de Grecia, idos a la mierda
con vuestro όχι y vuestro ναί: ¡¡¡¡¡ἀναρχία!!!!!
Reconozco que nunca leí a Eduardo Galeano, aparte de algunos
microrrelatos de El libro de los abrazos, algunos artículos
periodísticos y la infinidad de citas, sentencias y frases lapidarias
que, sacadas de contexto o no, la gente comparte a diario en redes
sociales, muros reales y virtuales, etc. Sin embargo, después de diez
años estudiando literatura y acumular bonitos títulos de licenciatura,
máster y doctorado, empecé a tener muy serias sospechas de que los
buenos escritores no pisan nunca (ni
vivos ni muertos) las universidades y que, para aprender leyendo, había
que escapar de esas instituciones. Además, después de algunos años de
activismo político, llegué a la conclusión de que ningún pensador ni
ningún luchador por los derechos de las personas se manosea ni se abraza
jamás con un gobernante. Si lo hace es que no es ningún pensador
razonable ni ningún luchador por nada, sino más bien un hipócrita y un
estómago agradecido, capaz de justificar en fin el abuso, la tortura y
la muerte de unos seres humanos a cambio del mantenimiento de los
privilegios de otros seres humanos, los suyos. Me muero de ganas por
acabar las obras de mi casa y terminar de poner la huerta, para volver a
tener un rato para coger un libro sin que se me caiga de las manos a
los cinco minutos. Desde luego, no será ningún libro de Eduardo Galeano.
Los libros de Galeano que se los lean sus amigos presidentes, sus
amigos machirulos, sus amigos bigotudos en chándal, sus amigos con
banderitas, sus amigos profesores progres, sus amigos dictadores. Que se
los lean preferiblemente todos juntos en la tumba.- Estaba xogando coa miña irmá na porta de entrada cando intentou levantar e caeu. E non podería estar máis naquela perna.
"Elecciones internas de Podemos en mi ciudad: algunas impresiones sobre democracia y partidos políticos".
Yo creo que ya vamos siendo mayores como para empezar a cuestionarnos el concepto de "trabajo" que nos echaron de comer primero en casa, luego en la escuela, después en el curro, y todo el tiempo en la tele. El trabajo, y mucho más el trabajo asalariado, no es regenerador, ni hace más dignas a las personas ni nada de eso. Todo lo contrario. El trabajo, tal y como está concebido hoy en día, debería ser un motivo de vergüenza para quien lo practica. No es ningún orgullo, sino una lástima, que uno tenga que dedicar infinitas horas al día a estar produciendo algo cuyo beneficio no le corresponde o, como pasa en muchas ocasiones, cuyo beneficio desconoce o simplemente no existe. Ese tiempo, si fuéramos personas dignas y de verdad responsables, deberíamos estar dedicándolo a informarnos correctamente, a aprender cosas nuevas, a estar con nuestros hijos si es que los tenemos y, consecuencia de esas tres obligaciones que "el trabajo" nos impide hacer, a luchar porque el mundo que les espera a las generaciones venideras no sea tan mierdoso como el que nos dejaron en prenda a nosotros nuestros padres. El trabajo es una vergüenza porque en la mayor parte de los casos es tiempo invertido en perpetuar un sistema capitalista odioso y en seguir generando riqueza para unos pocos sujetos que son causantes de cientos de miles de muertos cada año en hambrunas, crímenes de estado, enfermedades inducidas, políticas antimigratorias y guerras. El trabajo es una puta vergüenza porque, en el mejor de los casos, es tiempo perdido inútilmente realizando tareas inútiles que no benefician a nadie más que a esos mismos pocos inútiles de arriba, los que tienen el dinero, las armas y el poder, a los que les conviene mucho inutilizarnos como zombis "trabajando", no vaya a ser que empecemos a dedicar tiempo a buscar información sobre cómo destruir el mundo que ellos se han montado y desenmascaremos la gran hipocresía de la sociedad en que vivimos y la violencia y la muerte que esa hipocresía produce en otras personas iguales a nosotros. - Mamá, papá, ¿vosotros qué hacíais mientras en vuestro país todavía se mataba a garrote vil a la gente que pensaba diferente?
- Yo, trabajar, bonito, para labrarte a ti un futuro. Para poder darte de comer, pagar la casa en la que ahora vives...
- Papá, mamá, ¿vosotros qué hacíais mientras en la frontera de vuestro país se disparaba y se mataba a sangre fría a las personas que intentaban saltar una valla llena de cuchillas que vuestros gobernantes habían puesto allí? ¿Qué hacíais mientras disparaban y ahogaban a las personas que intentaban cruzar el mar nadando o en barquitos para buscar aquí trabajo y alimentar a los suyos? ¿Qué hacíais mientras la policía perseguía a la gente con piel de color oscuro por las calles, les encerraba en mazmorras llenas de mugre un par de días al mes, les torturaban semanas y semanas en centros de terror que llamaban CIE y les deportaba, a veces matándolos por el camino o dejándolos a su suerte en lugares muy alejados de los lugares de los que habían venido? ¿Qué hacíais, papá? ¿Mamá, cómo llevabas tú lo de que a la gente pobre que no tenía para pagar sus deudas con el banco, ejércitos de policías armados los echasen fuera de sus casas? ¿Qué hacías mientras se le prohibía ir al médico a algunas personas, porque eran pobres y, aunque vivían aquí, no habían nacido aquí? ¿Qué hacías mientras se torturaba a los presos, a los políticos y a los que no lo eran, sistemáticamente en las cárceles? ¿Qué hacías tú, cuando a la gente que se manifestaba en la calle contra ese tipo de abusos, les sometían a montajes judiciales, les condenaban a pagar multas enormes, les encarcelaban y les daban palizas en mitad de la calle? ¿Qué hacías tú mientras mataban a Alpha Pam, a Patricia Heras, a Soledad Torrico, a Juan Andrés Benítez, a Diego Pérez?
- Yo, hijo, trabajar, para labrarte a ti un futuro. Para darte de comer, pagar la hipoteca de la casa en la que ahora vives y el coche que cuando seas un poco mayor te dejaremos que te lleves por ahí. Trabajar para que tú también sigas trabajando y nos compremos todos esa tele de plasma que nos quitará las ganas de hacer preguntas tontas cuando salgamos del trabajo.