Ernest Favil. ¿Cómo fueron vuestras detenciones?
Desiré. Cuando volví a casa a las 11 de la mañana
del 26 de abril, dos policías vestidos de paisano estaban esperándome en
el portal de mi casa. Me llamaron por mi nombre, me dijeron que estaba
detenida y me llevaron en un coche a la Comisaría de Moratalaz. Durante
el traslado, me dijeron que habían ido a buscarme a mi antiguo domicilio
antes, algo que luego comprobé que era falso. También, ya en la
comisaría, me dijeron que no habían querido ir al domicilio de mis
padres para no alarmarles.
Fermín. Mi abogado me recomendó ir por mí mismo a la
Comisaría de Moratalaz. Y eso fue lo que hice hacia las dos de la tarde
de ese mismo día 26 de abril. Una vez detenida Desi, cuando ella dio el
nombre de nuestro abogado, la policía le llamó para decirle que a mí
también me estaban buscando y que me tenía que “entregar”
inmediatamente. Le dijeron que debía presentarme en Comisaría en el
plazo de una hora, y si no me pondrían en busca y captura.
E.F. ¿En busca y captura?
F. Era mentira, porque una orden de busca y captura
tiene que ponerla un juez. Pero bueno, en todo caso el abogado consideró
que no tenía sentido prolongar esa situación.
E.F. ¿Cómo pudieron identificaros?
F. Nosotros tiramos de la palanca de freno del metro
con la cara descubierta, estando el vagón abierto. No sentíamos ninguna
necesidad de ocultarnos.
D. A Fermín lo conocían bien de las manifestaciones
del 15-M. Al principio del interrogatorio al que me sometieron, y que
duró cuatro o cinco horas, me dijeron que sabían que era un “voceras” y
me preguntaron si era violento. Yo les dije que era la persona más
generosa que había conocido, porque es la verdad. Durante el traslado ya
me habían dicho: “pues tiene un buen trabajo para dedicarse a estas
cosas”. Yo les dije que eso no tenía nada que ver.
E.F. Otra demostración más de la existencia de los famosos
ficheros ocultos de la Policía con activistas de los movimientos
sociales, ¿no?
F. Sí, porque ninguno de los dos tenemos antecedentes. Desi ni siquiera ha participado mucho en las movilizaciones del 15-M.
E.F. ¿Los policías que os interrogaron, iban encapuchados?
D. Algunos sí y otros no. Los que iban tapados
llevaban una braga negra que sólo dejaba ver sus ojos. Yo las primeras
horas estuve en una habitación pequeña, con una mesa de madera en medio,
donde iban entrando policías: unos “buenos”, otros “malos”. En cuanto
salían unos, entraban otros. La mayoría iban tapados. El jefe de la
Brigada Provincial vino al final del todo. Se sentó en una silla, con su
uniforme y su gorra, en plan conquistador, y me dijo que él había
entrado así, sin taparse, para ganarse mi confianza, que estaba
asumiendo riesgos. Yo seguía ahí con el susto en el cuerpo…
E.F. ¿Fue muy degradante ese interrogatorio?
D. A mí no me conocían de nada. Por eso intentaron
que colaborase con ellos. De hecho, me dijeron que tenían muchos
colaboradores dentro del 15-M. Son psicólogos. Intentan generarte
desconfianza en tus compañeros. Me decían que los que pensaban las
acciones de protesta luego no las hacían. Siempre estaban con la idea de
que tenemos líderes, y querían que yo les dijese quiénes eran. Me
preguntó nombres, lugares donde nos reuníamos. Me quitó el teléfono
desde el momento de la detención, junto con la documentación. El
teléfono sólo me lo dejaron un momento para llamar a mi madre, me lo
quitaron desde las 11 a.m. y hasta las 2.30 p.m. no lo pude ver junto
con el resto de mis pertenencias. Sé que me mandaron un mensaje para que
nos reuniéramos a las 4 p.m. en un centro social. Ellos borraron el
mensaje, y luego me estuvieron preguntando si nos reuníamos regularmente
allí. El jefe de la brigada intentaba coquetear conmigo. Me dijo que
sabía que yo no participaba mucho en estas cosas, que a una chica con la
cara tan bonita como la mía la conocerían. Al final me dijo que tenían
mi número de teléfono, y que me llamaría en un par de días.
E.F. ¿Y te llamó?
D. Sí, a los dos días me llamó a mi teléfono móvil.
Yo estaba en un parque con mis sobrinos. Me preguntó que qué tal estaba
mi familia, que si les había contado algo. Me dijo que él había hecho
mucho por que nos trasladaran a Plaza de Castilla lo antes posible. Al
final, me propuso quedar para tomar un café, me dijo que él me invitaba.
Yo le dije que no me parecía una buena idea.
F. Quizá influye que pensaran que, intimidándola,
podían sacarle información a Desi. Conmigo ni lo intentaron. En cuanto
me preguntaron el nombre de otras personas involucradas en la acción,
les dije que no iba a hablar si no era delante de mi abogado, y me
dejaron en paz.
E.F. ¿Cuándo pudisteis hablar con vuestro abogado?
D. Pasaron más de 24 horas hasta que nos dejaron
hablar con él. Y eso que le habían contactado desde por la mañana. Él
estuvo desde la tarde del 26 en Moratalaz, porque le dijeron que íbamos a
declarar ese mismo día en comisaría. Pero luego no se lo permitieron.
F. Dormimos la noche allí. Primero les dijeron que
declararíamos allí ese mismo día, y al día siguiente nos trasladarían a
Plaza de Castilla. Esa misma noche, al despertarnos a los 2.30 a.m.
para tomarnos las huellas, nos dijeron que no nos pasarían a disposición
judicial hasta el día siguiente. Cuando me llamaron a declarar en
Moratalaz, el 27 a las 11 de la mañana, el jefe de policía me preguntó
si iba a querer declarar en comisaría, y cuando contesté que no, me
dijeron que no nos iban a trasladar a Plaza de Castilla hasta el día
siguiente.
E.F. La desinformación es parte del acoso psicológico, ¿no?
D. Sí. A las 4 de la tarde, y cuando ya estaba
mentalizada para pasar otra noche en el calabozo, vinieron para
llevarnos a Plaza de Castilla. En tres minutos, pasamos a declarar
delante del juez. El abogado dijo que aquello no lo había visto en la
vida, puesto que los traslados desde Moratalaz se hacen siempre por la
mañana. No nos dio casi tiempo a hablar con el abogado. No nos dejaron
casi estar en el locutorio para preparar la declaración. Se notaba que
había intereses políticos detrás de todo lo que hacían con nosotros.
E.F. ¿Os maltrataron durante los traslados?
F. Nos esposaron junto a un hombre y nos metieron en
la “furgona”. Por lo que supimos después, era un ultra del Real Madrid
detenido en una pelea del fútbol. Sin mediar palabra, el tipo aquel nos
dijo: "¿vosotros sois los del metro?"
D. Tardamos 5 minutos en llegar de Moratalaz a Plaza
de Castilla [11 kilómetros]. Sin embargo, una vez allí, nos tuvieron
más de 20 minutos a oscuras dentro de la furgoneta, con un calor
asfixiante, sin ventilación. El ventilador que tiene en el techo no
funciona cuando está parada.
E.F. ¿Son tan horribles las condiciones higiénicas de las celdas como cuentan?
D. En Moratalaz, yo estuve sola en una celda de unos
tres metros por tres metros, sin luz ni ventana. Hay un olor
nauseabundo, sólo te dejan coger una manta, que no han lavado en años.
Luego en los juzgados de Plaza de Castilla, en uno de los calabozos de
mujeres, yo estaba con tres mujeres más. Una de ellas era a una mujer de
veintipocos años, embarazada de cinco meses. Venía directamente del
aeropuerto, y al parecer habían encontrado droga en su maleta. Tenía dos
niños más en Madrid, se había quedado en paro hacía tiempo. Ganaba 420
euros de subsidio, era madre soltera. Cuando llamaron a una abogada de
oficio, ésta parece que la riñó: le dijo que vivía a las afueras de
Madrid, que tenía dos niños y que le había molestado mucho tener que ir
un sábado por la tarde a Plaza Castilla. Fui yo, que he sido trabajadora
social en prisión, la que tuve que explicarle algunas cosas. Le comenté
la importancia de la declaración que iba a hacer en Plaza de Castilla.
Aquel calabozo tenía dos literas sucísimas pegadas a una de las paredes.
Las condiciones higiénicas eran horribles. El funcionario que nos metió
allí no dijo que no podíamos tocar nada. Yo les dije que ella se tenía
que sentar sobre algo, que estaba embarazada. Él dijo que no se podía.
Aun así, yo terminé cogiendo algunos de los cojines mugrientos que había
en aquellas literas para que aquella mujer pudiera por lo menos estar
sentada.
E.F. ¿Visteis alguna agresión física durante el tiempo que estuvisteis detenidos?
F. Un chico marroquí que estaba conmigo en Plaza de
Castilla, y que había sido detenido por no tener papeles en regla, tenía
un ojo muy amoratado. Le habían pegado en Moratalaz y luego iba directo
al CIE de Aluche. A mí no me golpearon, pero sí me maltrataron en el
sentido de que, como pasan de uvas a peras donde tú estás encerrado, no
apagan la luz cuando quieres dormir, no te permiten salir a mear... Hay
detenidos que pasan horas enteras golpeando las rejas para salir al
baño. A mí mismo, desde las 2.30 a.m. hasta las 11 a.m. del día 27, no
me permitieron ir a mear. También tenía mucha sed, y no me dieron agua.
Hace mucho frío, todo huele a orines. Las celdas son de dos por tres
metros, sin luz natural ni ventilación… Yo escuchaba a un hombre de otra
celda que tenía un problema de salud y reclamaba unas pastillas que
tenía que tomar. Tampoco le atendieron.
E.F. ¿Consiguieron que os arrepentierais de haber tirado de la palanca del metro?
D. ¿Por ser generosa y poner en riesgo tu futuro por
una causa justa? Nadie se arrepiente por eso. Pero estar ahí te hace
replantearte las cosas. Ellos intentan hacerte sentir culpable. Yo tenía
la conciencia muy tranquila, y ellos lo percibían. Por eso te intentan
hacer creer que lo que has hecho es horrible, que eres una terrorista.
Se lo dije varias veces a los que me interrogaban. Cuando me amenazaban
con ir a la cárcel, o quedarme mucho tiempo allí encerrada, yo les decía
que me llevaba bien conmigo misma, que no tenía problemas en estar allí
dentro sola, y que además tenía muchos amigos en la cárcel, donde he
tenido que trabajar mucho tiempo. El sacrificio por una causa, por una
idea, por algo más justo, es algo que ellos no entienden. Yo no puedo no
puedo sentirme libre si los demás están sometidos.
F. Yo he sentido todo lo contrario a
arrepentimiento. Después de haber conocido lo que pasa ahí dentro, si
tenía alguna duda de seguir con esto, ahora lo tengo más claro. Mira la
gente que está encerrada. Una mujer que se ve obligada a llevar droga
por 6.000 euros para alimentar a sus hijos, por ejemplo. O un ciudadano
de origen egipcio que había vivido diez años en Italia, pero en estos
momentos no tenía permiso de residencia en regla. Había viajado a
España, y la Policía aquí decía que no les valía la antigua tarjeta de
residencia italiana. El juez dictaminó ingreso en el CIE para él. Hasta
sesenta días entre rejas por tener un papel caducado.
E.F. ¿Qué más se puede hacer contra el “tarifazo”?
D. Todo sería más fácil si la gente asumiese la idea
que nosotros queríamos transmitir con nuestra acción. El valor
simbólico de parar los trenes cinco minutos para que la gente se parara
también a pensar. Sería todo más fácil si la gente tuviera un poco de
solidaridad, si adquiriéramos conciencia del poder que tenemos. Me sentí
muy empoderada cuando tiré de la palanca. Fue una acción muy eficaz.
Un acto solidario. Yo tiré de la palanca no por mí sola. Si se conseguía
algo era por los demás.
F. Es un pequeño ejemplo de lo que se podría hacer.
Si decidimos participar en esa acción fue porque era completamente
simbólica y pacífica. Estábamos bien informados y éramos plenamente
conscientes de que no causaríamos ningún daño a personas ni cosas
tirando de la palanca de freno de emergencia estando las puertas de los
vagones abiertas.
E.F. ¿Y sirvió de algo?
F. La verdad es que los medios de comunicación
consiguieron que no hubiera debate sobre la subida de precios del
transporte público, todo se quedó en hablar de la acción en sí misma.
Pero sí sirvió para visibilizar la represión, con nosotros y con toda la
gente que fue a Sol a manifestarnos su solidaridad [hubo un gran
despliegue policial y la mayoría de las doscientas o trescientas
personas que se concentraron allí fueron identificadas
http://bambuser.com/v/2592176].
Gente de otros círculos, otros ambientes, como mi trabajo, se van dando
cuenta de la represión del sistema y su arbitrariedad. ¿Cómo tirar de
la palanca de freno de un tren te puede acarrear prisión?
D. Hay una desproporción enorme. Pero el hecho de
que los políticos se pusieran nerviosos demuestra su debilidad. Se
asustan cuando ven que puede haber gente organizándose contra su dinero y
su posición de poder. La nuestra era una acción simbólica colectiva.
Pero en mi caso es una acción personal también. Mis hermanos y yo hemos
tenido que firmar una hipoteca para salvar la casa de mis padres, a los
que iban a desahuciar. Mi situación es desesperada. ¿Qué va a pasar a
partir del uno agosto cuando se me acabe el paro? En un año y medio he
trabajado cinco meses. He hecho lo que supuestamente tenía que hacer:
ser buena estudiante, desempeñar mi trabajo con devoción. Yo con esa
acción también quería que las cosas cambiasen, pasar de las
manifestaciones a una acción directa. No soy tan activista, pero los que
están ahí siempre [mira a Fermín] también necesitan un relevo. Es el
momento de que, los que hemos estado en la sombra, estemos dispuestos a
pasar a la acción.
E.F. ¿Cómo interpretáis la medida cautelar que puso el fiscal y que el juez aceptó?
D. No podemos acceder a las instalaciones del metro
hasta el día del juicio. Pero la medida en sí misma es absurda.
¿Entonces tampoco podemos coger el cercanías, que comparte instalaciones
con el metro? Para mí supone un gran perjuicio económico. Estoy
buscando trabajo. Me tengo que mover. Para mí es necesario el
transporte. En autobús me gasto más, y esto puede durar más de un año.
La primera alegación del abogado va a ser para retirar esa medida,
exponiendo mi situación personal. Es poner una multa sin ponerla,
quieren joderme, obviamente no voy a ser tan tonta de volver a tirar de
la palanca de freno. Es un castigo ejemplar y una forma más de coartarte
tu libertad.
F. Yo creo que fue la rabieta final de la fiscal, al
ver que no podía pedir prisión preventiva para nosotros. En su mente,
nuestra prisión preventiva era lo mejor para evitar que un supuesto
grupo organizado empezara a cometer sabotajes en el metro. El fiscal,
por el discurso que hizo durante nuestra toma de declaración en Plaza de
Castilla, demostró que tenía preparado ese argumento, que al final
cambió por el de que nosotros éramos un peligro para el metro y que por
tanto no debíamos volver a entrar. Se veía que había recibido presiones
para solicitar nuestra prisión preventiva. Pero legalmente eso no se
sostenía por ningún lado, y tuvo que conformarse con esa medida absurda
de impedirnos acceder a las instalaciones del metro.
E.F. ¿Cómo analizáis el tratamiento que os dieron los medios
burgueses y qué importancia tuvo en el desenlace de vuestra detención.
D. Los medios actuaron con falsedad, siempre
juzgando nuestra acción. Esperanza Aguirre acabó pidiendo disculpas
delante de los medios por habernos llamado “kale borroka”, por decir que
sólo buscábamos montar follón.
F. Todos esos medios son un instrumento político.
Cuentan mal los hechos, dicen que hemos puesto en peligro la vida de
8.000 personas, cuando no ha habido ninguna denuncia, ni queja.
Juzgaron nuestra acción antes de informarse sobre ella para poder
presentar lo que hicimos como un delito y al llegar las detenciones
parecieran justificadas. Metro de Madrid dijo que se causaron perjuicios
significativos, no daños, mucho menos cuantificables. Cuando desde
arriba se toma una decisión, también se pone en marcha una maquinaria en
los medios de comunicación masivos. Luego interviene la policía y lo
terminan los jueces. Esperemos que dentro de un año, cuando salga el
juicio, ya los de arriba no tengan que hacer esa demostración de fuerza y
los jueces puedan ser justos.
E.F. ¿Qué interés podían tener esos medios en presentar así vuestro asunto?
D. Sensacionalismo, vender. Para vender era más
interesante hablar de dos saboteadores que de dos universitarios o dos
borrachos, que también tiran de la palanca de freno infinidad de veces
en una noche de fin de semana. Detrás de esos medios hay intereses
políticos, y desde arriba los controlan.
F. Yo creo que son simples instrumentos. Todos los
medios masivos son iguales. Por ejemplo, el Diario Público también
hablaba de “sabotaje”. Deberíamos empezar a centrarnos en los medios de
contrainformación, y dejar de pensar que los mismos medios que nos
llaman un día saboteadores van a contar alguna vez la verdad sobre lo
que ocurre.
E.F. ¿Creéis que se cumplió el objetivo principal de la acción del colectivo Tomaelmetro?
F. Nuestro objetivo consistía en que la gente se
parara a pensar en lo positivo de una acción de este tipo: cinco minutos
de reflexión sobre cómo podemos actuar contra un abuso como es la
subida de precios del transporte. Que en ese rato nos preguntásemos
todos: “¿Qué hacemos?”, “¿vamos a hacer algo o nos quedamos parados?”.
También queríamos poner de manifiesto que una subida tan brutal del
precio de metro, en el contexto vital y económico en que nos
encontramos, afecta especialmente a los que están parados. Su trabajo es
moverse para buscar trabajo, y si encareces su transporte, los obligas a
permanecer inmóviles. Por eso nuestra reivindicación es simple:
transporte público gratuito para que sea accesible a todas las personas.